Una mirada nueva
Mardi 3 avril 2007Article publié en “La Segunda” (CHILI) mars 2007
Desde hace ya cuatro semanas, hay que reconocerlo, hemos sido monotemáticos.
Casi la totalidad de las columnas de opinión del diario La Segunda han versado sobre un mismo y único tema: el Transantiago. Pareciera que el pesimismo ciudadano, el desencanto popular y las promesas aún no cumplidas (tanto por parte de privados como del gobierno) nos han dejado un halo de frustración, de temor y de violencia. Hemos caído en un espiral de pesimismo.
El gobierno no ha sido capaz de asumir sus errores y no ha dado el marco de seguridad y confianza para que un cambio tan significativo, que de suyo se preveía como muy complejo, fuera asumido por todos sus actores con paciencia, actitud de aprendizaje colectivo y en un clima de colaboración.La oposición, por su parte, no lo ha hecho mejor.La derecha se sigue batiendo por alcanzar una pseudo-unidad, tratando de mantener a raya a sus caudillos de turno.Su efímero protagonismo, fundado en la repetición majadera de los errores del “adversario”, aún no logra calar en el corazón del hombre y la mujer sencilla de Chile.
Se echan de menos propuestas consistentes, visión de largo plazo, planificación.Los políticos no se han sentado a soñar un país diferente: aquel donde convergen en un mismo camino, los pensamientos, las ideas, las visiones y carismas diversos. El Chile que la gente sigue soñando.El tono de la política se ha degradado: Se destruyen reputaciones, se destruyen familias, se destruyen acuerdos y se destruyen también vidas, iniciativas e ideales.
Ya lo decía Rabindranath Tagore: “la verdad no está de parte de quien grita más”.Nos hemos acostumbrado a confundir la política con la farándula.
Nos hemos acostumbrado a depositar en los pobres todos los costos de cada “error técnico” de los “especialistas”.Nos hemos acostumbrado a asumir que los adultos mayores “no son eficientes”, pues no aportan al PIB.Nos hemos acostumbrado al atropello sistemático de valores tan básicos como el respeto, la probidad, la solidaridad, el aprecio de la dignidad de cada persona.Nos hemos acostumbrado a atacar y a defendernos para sobrevivir.
Lamentablemente nos hemos acostumbrado a demasiadas cosas.Propongo en estos días de ajetreo un ejercicio simple: volver a mirar, volver a mirarnos…pero de una manera diferente. Se hace necesario el reconocernos necesitados del otro, miembros del mismo equipo de trabajo, complementarios.
Démonos un tiempo breve intentando comprender al otro para generar espacios de diálogo y de intercambio. Volver a mirar a nuestros vecinos, para saludarlos esta vez con una sonrisa. Volver a mirar con ternura y cariño a nuestra esposa(o), a nuestros hijos, a nuestros amigos, a nuestros papás, a nuestros compañeros de trabajo o universidad. Renovar el mirar hacia los adultos mayores, a nuestros esforzados trabajadores, a nuestros cientos de empresarios que buscan dar trabajo y que se comprometen en la creación de riqueza… para compartirla.Volver a mirar también a nuestros políticos y hacerlo con ojos nuevos…con ojos benignos, para que ellos se den cuenta que no es necesario el circo para atraer votos, sino que esperamos el trabajo serio, la intención genuina de servir, para mirar de verdad lo que la gente necesita.Mirar es detenerse, es darse un tiempo para salir de sí mismo.
Mirar exige reconocer la textura del otro, sus necesidades, sus anhelos, sus cualidades. Es permitir a la luz hacer su trabajo de orfebre silencioso.Propongámonos este sencillo ejercicio y busquemos los puntos de convergencia con el otro, para revertir el clima enrarecido que ha primado en estos últimos días.Es verdad, es sólo un primer paso.Quizás así, poco a poco, a partir de este simple gesto, podremos avanzar en la construcción de un Chile nuevo: el lugar donde nadie queda fuera ni es marginado, donde todos tienen un rostro único y una voz, es decir el país justo y equitativo, generoso y solidario, alegre y humano….que no nos cansamos de soñar.

